El secreto de sus ojos [Priv]
Página 1 de 1. • Compartir •
El secreto de sus ojos [Priv]
Evolet no estaba muy segura qué hacía exactamente en aquel insólito lugar, "¿Pasear? ¿Matar? ¿Huir?" rió ante sus absurdos pensamientos. Hace unas cuatro horas que decidió explorar la ciudad con más profundidad, y acabó por irse a las afueras de la ciudad. Puso los ojos en blanco y continuó su camino con aquella inexpresiva mirada en su orbes azules.
Vestía una blusa blanca y un jean negro ajustado. No era incómodo, estaba muy acostumbrada. Una ráfaga de viento pasó por su delante y ni se inmutó. Sentía el frío recorrer su cuerpo en una melodiosa música, y cerró los ojos, sintiendo la brisa nocturna. ¡Como amaba las noches!
"No hay nadie divertido en Dark City, tal vez fue una tontería haber venido" meditó mientras caminaba a paso lento. "Solo una bestia que me arruinó el día y un par de robos de humanos... si que me equivoqué con esta ciudad" Tal vez era cierto, tal vez no, pero de todas maneras aún había aldo en aquel lugar que le llamaba la atención.
"Va a llover..." y casi como si lo huviera sido un presagio, una garúa empezó a caer, alzó la vista y las nubes estabn negras y la imponente luna hacía su aparición. Suspiró. Al pasar los minutos la lluvia se intensificó, terminando por empaparla de pies a cabeza. Rió. No le molestaba la lluvia en lo absoluto.
Bostezó con pereza y dedujo que serían las once de la noche aproximadamente, no importaba, no le debía cuentas a nada ni nadie, esa era la mejor parte de ser un alma libre.
Vestía una blusa blanca y un jean negro ajustado. No era incómodo, estaba muy acostumbrada. Una ráfaga de viento pasó por su delante y ni se inmutó. Sentía el frío recorrer su cuerpo en una melodiosa música, y cerró los ojos, sintiendo la brisa nocturna. ¡Como amaba las noches!
"No hay nadie divertido en Dark City, tal vez fue una tontería haber venido" meditó mientras caminaba a paso lento. "Solo una bestia que me arruinó el día y un par de robos de humanos... si que me equivoqué con esta ciudad" Tal vez era cierto, tal vez no, pero de todas maneras aún había aldo en aquel lugar que le llamaba la atención.
"Va a llover..." y casi como si lo huviera sido un presagio, una garúa empezó a caer, alzó la vista y las nubes estabn negras y la imponente luna hacía su aparición. Suspiró. Al pasar los minutos la lluvia se intensificó, terminando por empaparla de pies a cabeza. Rió. No le molestaba la lluvia en lo absoluto.
Bostezó con pereza y dedujo que serían las once de la noche aproximadamente, no importaba, no le debía cuentas a nada ni nadie, esa era la mejor parte de ser un alma libre.

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Llovía. Oh si, una lluvia caía por la amplia carretera, pero aún así el muchacho rebelde se mantenía firme en su posición de seguir caminando. Total, era solo agua. A si mismo, le agradaba el contacto a su piel, pero por otra parte, le desagradaba. —Vamos Víctor, es solo agua, nada más —se dijo a si mismo, y suspiro.
El rebelde vestía como rebelde que era. Oh si, con su respectivo traje de ladrón, a pesar de si mismo no tener motivos para robar nada. Pero a si mismo, le daba el gusto de lucir elegante. Como un caballero victoriano. Le daba el anhelo de sentirse en su época. Rápidamente aparto eso de su mente, y se interno en la realidad.
La carretera se veía vacía, deshabitada y... ¿Como no estarlo? Eran las... once, doce de la noche. Nada más que esa hora, y todos en sus respectivas casas, hogares, dormitorios. Durmiendo. —Ojala tuviera suerte. Dormir. No me es necesario... —pensó con desdén, y rodeo los ojos.
El camino en la carretera se le hacia ligero, y rápido. Poco a poco la leve garua se transformo en una potente lluvia. Ahora si, el rebelde estaba totalmente empapado. —Ahora si, adiós agua—pensó con molestia. Luego a si mismo saco el agua de él al concentrarse en sus poderes, y a si mismo se cubrió con un campo oscuro para protegerse a si mismo del agua. No era de su molestia un poco, pero mucho ya... no, no iba.
El camino siguiente transcurrió igual de rápido. Podían haber pasado tres horas y a si mismo el rebelde aparentaba tres o cuatro minutos. A si mismo, a lo lejos pudo divisar algo. O mejor dicho, a alguien. Una joven de cabellos dorados, caminando bajo la lluvia. Alzo una ceja, sin poder contenerse.
Camino con paso rápido, pero como si estuviera caminando normalmente. Sus ojos no salían de la figura femenina que estaba frente a el.
—Buenas noches, señorita —dijo con voz cortés, y sonrisa de lado. —Lo cortés no quita lo valiente— pensó interiormente. —Si no me es mucho atrevimiento, puedo preguntar: ¿que es lo que hace una joven como usted a estar horas, sola, en medio de la carretera? —pregunto intentando que la curiosidad que era tal para que lo carcomiera no lo invadiera. A si mismo, su pregunta sonó curiosa, no tal al extremo. A si mismo el joven rebelde esbozo una sonrisa y observo a la muchacha con cautela.
El rebelde vestía como rebelde que era. Oh si, con su respectivo traje de ladrón, a pesar de si mismo no tener motivos para robar nada. Pero a si mismo, le daba el gusto de lucir elegante. Como un caballero victoriano. Le daba el anhelo de sentirse en su época. Rápidamente aparto eso de su mente, y se interno en la realidad.
La carretera se veía vacía, deshabitada y... ¿Como no estarlo? Eran las... once, doce de la noche. Nada más que esa hora, y todos en sus respectivas casas, hogares, dormitorios. Durmiendo. —Ojala tuviera suerte. Dormir. No me es necesario... —pensó con desdén, y rodeo los ojos.
El camino en la carretera se le hacia ligero, y rápido. Poco a poco la leve garua se transformo en una potente lluvia. Ahora si, el rebelde estaba totalmente empapado. —Ahora si, adiós agua—pensó con molestia. Luego a si mismo saco el agua de él al concentrarse en sus poderes, y a si mismo se cubrió con un campo oscuro para protegerse a si mismo del agua. No era de su molestia un poco, pero mucho ya... no, no iba.
El camino siguiente transcurrió igual de rápido. Podían haber pasado tres horas y a si mismo el rebelde aparentaba tres o cuatro minutos. A si mismo, a lo lejos pudo divisar algo. O mejor dicho, a alguien. Una joven de cabellos dorados, caminando bajo la lluvia. Alzo una ceja, sin poder contenerse.
Camino con paso rápido, pero como si estuviera caminando normalmente. Sus ojos no salían de la figura femenina que estaba frente a el.
—Buenas noches, señorita —dijo con voz cortés, y sonrisa de lado. —Lo cortés no quita lo valiente— pensó interiormente. —Si no me es mucho atrevimiento, puedo preguntar: ¿que es lo que hace una joven como usted a estar horas, sola, en medio de la carretera? —pregunto intentando que la curiosidad que era tal para que lo carcomiera no lo invadiera. A si mismo, su pregunta sonó curiosa, no tal al extremo. A si mismo el joven rebelde esbozo una sonrisa y observo a la muchacha con cautela.

To be or not to be. That is the question.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Víctor de Nol- Mensajes: 642
Fecha de inscripción: 18/03/2011
Edad: 17
Localización: Between life and death.
Empleo: Músico, Cantante y Abogado/Estafador.
Personaje de Rol
Poder:


(150/150)
Vida:


(150/150)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Tres horas. Ya habían pasado prácticamente tres largas horas desde que Evolet deambulava como alma en pena por la carretera. Bostezó con pereza y le entró cierta clase de cansancio, pero no era sueño, si no, aburrimiento. "Mejor me voy de una vez" pensó con desdén. Se estiró en su mismo eje y aceleró su paso, al punto que llegaba casi a correr.
El agua hacía que sus ropas y su cabello dorado se pegaran a su cuerpo, afirmando su ya esbelto y curvilíneo cuerpo. Se acomodó su cabellera detrás su espalda y soltó un suspiro cansado. Sin embargo, su cuerpo se tensó por completo al sentir una presencia extra en su medio. Arqueó una ceja. Y al oír que su interlocutor le dirigía la palabra, lo miró de reojo con desconfianza.
“Es solo un niño con cara bonita…” Sin embargo, sus sentidos no la engañaban, él era un vampiro. Bufó por lo bajo. Y se dio media vuelta, tratando de evitar contacto visual con el chico, ignorando su presencia. “Un chico atractivo” Sonrió con picardía. Pero desechó la idea de inmediato. No perdería su tiempo.
“¿No es esta la clase de conversación que tú querías al venir aquí?” Le dijo una pequeña voz en su mente. Era cierto. Además, sería interesante conversar con él. Volteó medio cuerpo y le dirigió una mirada tranquila y agregó: — Lo mismo podría preguntarle, estando en un lugar como este, de noche y sin ninguna compañía, me atrevería a comentar qué, tal vez, usted no aprecia demasiado su vida —. Dijo con serenidad, pero había cinismo en sus palabras. Aunque las disimulaba a la perfeccion.
Escuchó el sonido de un camión venir a toda velocidad hacia ambos, al parecer el conductor estaba borracho.— Mortales.. —. Murmuró. El camión paró su recorrido y un ebrio conductor salió de la puerta del piloto, miró al muchacho recién llegado y a Evolet con cara de confusión. La segunda dio un paso atrás, miró de arriba a abajo al hombre ebrio con desdén.
—¿Quienes son ustedes...?—. Preguntó el hombre con evidente dificultad al pronunciar las palabras.— Oye tú... niña... ¿No quieres venir a dar un paseo conmigo? —. Evolet sacó su navaja que tenía en su cintura, convirtiendo el mismo al instante en una pistola, con intenciones de darle un buen escarmiento.
El agua hacía que sus ropas y su cabello dorado se pegaran a su cuerpo, afirmando su ya esbelto y curvilíneo cuerpo. Se acomodó su cabellera detrás su espalda y soltó un suspiro cansado. Sin embargo, su cuerpo se tensó por completo al sentir una presencia extra en su medio. Arqueó una ceja. Y al oír que su interlocutor le dirigía la palabra, lo miró de reojo con desconfianza.
“Es solo un niño con cara bonita…” Sin embargo, sus sentidos no la engañaban, él era un vampiro. Bufó por lo bajo. Y se dio media vuelta, tratando de evitar contacto visual con el chico, ignorando su presencia. “Un chico atractivo” Sonrió con picardía. Pero desechó la idea de inmediato. No perdería su tiempo.
“¿No es esta la clase de conversación que tú querías al venir aquí?” Le dijo una pequeña voz en su mente. Era cierto. Además, sería interesante conversar con él. Volteó medio cuerpo y le dirigió una mirada tranquila y agregó: — Lo mismo podría preguntarle, estando en un lugar como este, de noche y sin ninguna compañía, me atrevería a comentar qué, tal vez, usted no aprecia demasiado su vida —. Dijo con serenidad, pero había cinismo en sus palabras. Aunque las disimulaba a la perfeccion.
Escuchó el sonido de un camión venir a toda velocidad hacia ambos, al parecer el conductor estaba borracho.— Mortales.. —. Murmuró. El camión paró su recorrido y un ebrio conductor salió de la puerta del piloto, miró al muchacho recién llegado y a Evolet con cara de confusión. La segunda dio un paso atrás, miró de arriba a abajo al hombre ebrio con desdén.
—¿Quienes son ustedes...?—. Preguntó el hombre con evidente dificultad al pronunciar las palabras.— Oye tú... niña... ¿No quieres venir a dar un paseo conmigo? —. Evolet sacó su navaja que tenía en su cintura, convirtiendo el mismo al instante en una pistola, con intenciones de darle un buen escarmiento.

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
El muchacho rebelde sonrió con astucia, y con cierto asombro a las palabras de la joven de cabello rubio. No le molestaba —¿Cómo enfadarse por algo así?— tan solo le causaba “gracia” el echo de que la joven se aya atrevido a contestarle, cosa que casi nunca antes había pasado. Una sonrisa de travieso se esbozo en sus labios, a la hora de responder.
—Pues, señorita, no soy yo quien estoy a casi a la media noche desprotegida con una torrencial tormenta exactamente sobre mi, diría exactamente lo mismo sobre usted —dijo cortesmente, con una leve inclinación a la dama. Era curioso, ya que la joven de… ¿Veintiuno, veintidos años? despertaba la entera curiosidad en él. Y más solitaría, a altas horas de la noche. Y si era cierto que ambos estaban en las mismas cirscunstancias, al menos el rebelde tenía con que defenderse. Pero no era de obviar que la muchacha de rizos no tendría nada, ya que su sangre olía… diferente.
Oh, realmente era sangre dulce al aspecto de olfato del chico, y sangre que revelaba el no ser humano de la chica. Sus sentidos le indicaban, la muchacha era una vampiresa. Pero aún así no descontaba el echo de que era una jovencita desprotegida en la carretera. Y oh por que no encargarse de la joven, si tal no se supondría ningún mal acompañante para el rebelde.
Justamente sus labios se tornaban entre abiertos para hablar con la muchacha, cuando un ruido horrible llamo su atención. Una frenada de un camión, y notase a mucho ver que era un hombre ebrio. Éste bajo y articulo palabras ante la muchacha, y ésta misma tomo una daga, transformandola en un rifle. —Ése algo era lo que se le veía de especial —pensó el rebelde, son una media sonrisa en sus labios. Tecnopatía, había visto muchas veces su poder. Pero —oh no, jamás lo haría— se dejaría ganar por una simple… niña, que seguramente el doblaría y triplicaría casi en años. Pero eh de admitir que al ver sus ojos podía notar un alma sabia, con experiencia, y tal con haberlo visto segundos, podía ser capaz de deducir aquello.
Su sonrisa aumento de tamaño y cambio la expresión facial, de “felicidad” a arrogancía, mientras entrecerraba los ojos con su propio aire de travieso.
—Oh, vamos hombre, —dijo con voz arrogante, y aquella sonrisa cáracteristica de él— yo la eh encontrado primero, y tal si ansias seguir con vida mantente lejos de ella, ¿bien? —remarco cada palabra con un tono diferente, entre una mezcla de ser superior a ella, de hacerle temer al hombre, y de fastidio por tener que lídiar con algo tal como aquello. —No, la verdad no me molesta —pensó con desinteres, al barajar la idea de finalizar aquello. Oh no, y no se perdería de un segundo de acción si es verdad.
Su mirada se desvió de el punto en la nada que había clavado fijo hacía el hombre, que sonreía como idiota. —¿A quien ve?¿A ella o a mi? —pensó con el seño fruncido, y confuso por la mirada perdida de el ebrio, que vagaba entre ambos muchachos. El rebelde rodeo los ojos con fastidio, y suspiro, tal como si la vida se le fuese en ello.
El hombre no se inmuto en lo mínimo ante la amenaza del chico, y éste procedío. Estiro su brazo al aire y su mano íntegra se tizno de negro, a la par que el hombre era conducido por su fuerza de poder hacia atras, manejando su cuerpo. Éste seguia sin imnutarse, y podía parecer que estaba muerto, si no fuera por los latidos que sentía. Latidos pesados, fatigados. Arto ya, causo que el hombre callera sentado, y con fastidio observo a la joven de rizos dorados. Su mirada se quedo en el rostro de la chica un segundo, tal ese segundo fijo para grabar sus facciones en la mente. —Bonita, la niña —pensó con picardía. Aquellos pensamientos se desviaron de su mente al rapido gesto de alzar una ceja con desdén. Su mirada implicaba palabras, pero palabras de culpa hacía la rubia.
—Madame, os permitidme enunciarle que si el hombre sale muerto, será integramente culpa suya —recalco, con su forma cáracteristica de hablar. —No es tán vieja, ¿o si? Siglo XVI… o XVII, por ahí es…—pensó, curioseando con la mirada por alrededor de la carretera.
Íntegramente vacía, tan solo con el hombre que yacía en el suelo, con respiración erratica y confundido, intentando levantarse. Rodeo los ojos con fastidio, al ver la escena.
—Será está la primera vez que haga algo como tal, pero en primer punto matarle con su rifle, señorita, sería una deshonra para el ser… y en segundo punto, la comida no está negada a nadie, y eh de ofrecer para usted esto —dijo, con sonrisa tal y modales que podía causar insano —, a pesar de que tal no sea mucho, y esté en mal estado, pues es lo que se ah de encontrar en la bandeja esta noche —finalizó, a si mismo con un eje de burla en sus palabras. Burla y cínismo, aquello tal que eternamente podías encontrar en las palabras del rebelde. Y oh no cualquier rebelde, el líder, ni más. —Pues… ¿de que rango se ha de presentar la señorita? —se pregunto para su interno, pero a si mismo no se dio respuesta alguna. Tan solo contaba con el saber de que la niña de cabellos rizos dorados era vampiro… y que era bonita. Constaba con tal eso, pero nada del otro mundo. Nada que sea capaz de arrancar sus pensamientos… nada que él mismo pudiera retener en su mente por más tiempo del debido. Oh, realmente era una joven más. Otra niña bonita de las cuales hay muchas.
Con cierta gracía, alzo una ceja ante la niña de cabello dorado, y ya con una sonrisa de burla tal que se podría percibir a tal mil kilometros a la redonda, indico con la cabeza su muñeca, como si estuviera esperando algo. Tal si, esperaba un tanto de acción momentanea. —Oh no, no me he de ir de aquí sin haber visto o echo nada interesante, va contra mis principios —pensó burlando los ojos al cielo, luego rió interiormente.
—¿Que principios?—.
—Pues, señorita, no soy yo quien estoy a casi a la media noche desprotegida con una torrencial tormenta exactamente sobre mi, diría exactamente lo mismo sobre usted —dijo cortesmente, con una leve inclinación a la dama. Era curioso, ya que la joven de… ¿Veintiuno, veintidos años? despertaba la entera curiosidad en él. Y más solitaría, a altas horas de la noche. Y si era cierto que ambos estaban en las mismas cirscunstancias, al menos el rebelde tenía con que defenderse. Pero no era de obviar que la muchacha de rizos no tendría nada, ya que su sangre olía… diferente.
Oh, realmente era sangre dulce al aspecto de olfato del chico, y sangre que revelaba el no ser humano de la chica. Sus sentidos le indicaban, la muchacha era una vampiresa. Pero aún así no descontaba el echo de que era una jovencita desprotegida en la carretera. Y oh por que no encargarse de la joven, si tal no se supondría ningún mal acompañante para el rebelde.
Justamente sus labios se tornaban entre abiertos para hablar con la muchacha, cuando un ruido horrible llamo su atención. Una frenada de un camión, y notase a mucho ver que era un hombre ebrio. Éste bajo y articulo palabras ante la muchacha, y ésta misma tomo una daga, transformandola en un rifle. —Ése algo era lo que se le veía de especial —pensó el rebelde, son una media sonrisa en sus labios. Tecnopatía, había visto muchas veces su poder. Pero —oh no, jamás lo haría— se dejaría ganar por una simple… niña, que seguramente el doblaría y triplicaría casi en años. Pero eh de admitir que al ver sus ojos podía notar un alma sabia, con experiencia, y tal con haberlo visto segundos, podía ser capaz de deducir aquello.
Su sonrisa aumento de tamaño y cambio la expresión facial, de “felicidad” a arrogancía, mientras entrecerraba los ojos con su propio aire de travieso.
—Oh, vamos hombre, —dijo con voz arrogante, y aquella sonrisa cáracteristica de él— yo la eh encontrado primero, y tal si ansias seguir con vida mantente lejos de ella, ¿bien? —remarco cada palabra con un tono diferente, entre una mezcla de ser superior a ella, de hacerle temer al hombre, y de fastidio por tener que lídiar con algo tal como aquello. —No, la verdad no me molesta —pensó con desinteres, al barajar la idea de finalizar aquello. Oh no, y no se perdería de un segundo de acción si es verdad.
Su mirada se desvió de el punto en la nada que había clavado fijo hacía el hombre, que sonreía como idiota. —¿A quien ve?¿A ella o a mi? —pensó con el seño fruncido, y confuso por la mirada perdida de el ebrio, que vagaba entre ambos muchachos. El rebelde rodeo los ojos con fastidio, y suspiro, tal como si la vida se le fuese en ello.
El hombre no se inmuto en lo mínimo ante la amenaza del chico, y éste procedío. Estiro su brazo al aire y su mano íntegra se tizno de negro, a la par que el hombre era conducido por su fuerza de poder hacia atras, manejando su cuerpo. Éste seguia sin imnutarse, y podía parecer que estaba muerto, si no fuera por los latidos que sentía. Latidos pesados, fatigados. Arto ya, causo que el hombre callera sentado, y con fastidio observo a la joven de rizos dorados. Su mirada se quedo en el rostro de la chica un segundo, tal ese segundo fijo para grabar sus facciones en la mente. —Bonita, la niña —pensó con picardía. Aquellos pensamientos se desviaron de su mente al rapido gesto de alzar una ceja con desdén. Su mirada implicaba palabras, pero palabras de culpa hacía la rubia.
—Madame, os permitidme enunciarle que si el hombre sale muerto, será integramente culpa suya —recalco, con su forma cáracteristica de hablar. —No es tán vieja, ¿o si? Siglo XVI… o XVII, por ahí es…—pensó, curioseando con la mirada por alrededor de la carretera.
Íntegramente vacía, tan solo con el hombre que yacía en el suelo, con respiración erratica y confundido, intentando levantarse. Rodeo los ojos con fastidio, al ver la escena.
—Será está la primera vez que haga algo como tal, pero en primer punto matarle con su rifle, señorita, sería una deshonra para el ser… y en segundo punto, la comida no está negada a nadie, y eh de ofrecer para usted esto —dijo, con sonrisa tal y modales que podía causar insano —, a pesar de que tal no sea mucho, y esté en mal estado, pues es lo que se ah de encontrar en la bandeja esta noche —finalizó, a si mismo con un eje de burla en sus palabras. Burla y cínismo, aquello tal que eternamente podías encontrar en las palabras del rebelde. Y oh no cualquier rebelde, el líder, ni más. —Pues… ¿de que rango se ha de presentar la señorita? —se pregunto para su interno, pero a si mismo no se dio respuesta alguna. Tan solo contaba con el saber de que la niña de cabellos rizos dorados era vampiro… y que era bonita. Constaba con tal eso, pero nada del otro mundo. Nada que sea capaz de arrancar sus pensamientos… nada que él mismo pudiera retener en su mente por más tiempo del debido. Oh, realmente era una joven más. Otra niña bonita de las cuales hay muchas.
Con cierta gracía, alzo una ceja ante la niña de cabello dorado, y ya con una sonrisa de burla tal que se podría percibir a tal mil kilometros a la redonda, indico con la cabeza su muñeca, como si estuviera esperando algo. Tal si, esperaba un tanto de acción momentanea. —Oh no, no me he de ir de aquí sin haber visto o echo nada interesante, va contra mis principios —pensó burlando los ojos al cielo, luego rió interiormente.
—¿Que principios?—.

To be or not to be. That is the question.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Víctor de Nol- Mensajes: 642
Fecha de inscripción: 18/03/2011
Edad: 17
Localización: Between life and death.
Empleo: Músico, Cantante y Abogado/Estafador.
Personaje de Rol
Poder:


(150/150)
Vida:


(150/150)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Off: Siento la demora!! u.u
On:
La joven estaba a punto de atacar, para al menos, dejarlo nokeado al hombre que había osado "cortejarla" "De una manera ridícula" pensó ella con desdén. Sin embargo, ocurrió algo que no estaba en sus planes, el chico que la estaba, por decirlo de algún modo: Acompañando. Tomó la delantera. Ante ello, Evolet arqueó una ceja. "Hombres... siempre intentan ser el centro de atención cuando una dama está presente..." Rió por lo bajo.
"Yo no me concidero una.. dama" agregó. Pero, estaba divagando, tenía que enfocarse en qué acto heróico estaba a punto de hacer su interlocutor. Se cruzó de brazos y miró la escena desde una distancia prudente. Al oir las palabras del joven, bufó. "¿Él me encontró?" rodó los ojos.
El hombre ébrio estaba tambaleante en su mismo sitio. Hacienco caso omiso ante la disque amenaza del joven. Evolet suspiró. "Si tienes que hacer algo, debes hacerlo tu misma" y con ese pensamiento se acercó al ébrio, con intensiones de dejarlo insconciente y ella continuar con su caminata nocturna.
Se asombró levemente ante el poder del chico de pelo azabache. "Impresionante" Si bien era cierto, no estaba totalmente segura de qué poder era. "Hum... no es de gran importancia" cerró sus ojos y trató de calmarse. Todo ese día era sumamente curioso.
— ¿Mi culpa? —. Frunció el ceño, divertida.— Déjeme decirle, "caballero", que no fuí yo la que le pidio su... honorable ayuda —. Se encogio de hombros, despreocupada.— Le dejo el cargo de consciencia a usted —. Le guiñó un ojo, con cierta picardía.
Luego rió.— ¿Por quién me toma, joven? Yo no como escoria —. Dijo, señalando al moribundo.— Solo gente de alcurnia —. Sonrió con cinismo.— Pero por favor, no se detenga por mí, usted es totalmente libre de comércelo, si quiere, no me opondré —. Hizo una exagerada reverencia, burlándose.— Bon appétit —. Sonrió.
Y sin más que decir, transformó su pistola, nuevamente, en un cuchillo común y corriente. Escondiéndolo debajo de su blusa. — Siento arruinar nuestro momento romántico, joven —. Se mofó ella, con claro sarcásmo.— Pero no deseo ser un estorbo, así que si me permite... —. Se dio media vuelta, y se dispuso a continuar con su caminata.
On:
La joven estaba a punto de atacar, para al menos, dejarlo nokeado al hombre que había osado "cortejarla" "De una manera ridícula" pensó ella con desdén. Sin embargo, ocurrió algo que no estaba en sus planes, el chico que la estaba, por decirlo de algún modo: Acompañando. Tomó la delantera. Ante ello, Evolet arqueó una ceja. "Hombres... siempre intentan ser el centro de atención cuando una dama está presente..." Rió por lo bajo.
"Yo no me concidero una.. dama" agregó. Pero, estaba divagando, tenía que enfocarse en qué acto heróico estaba a punto de hacer su interlocutor. Se cruzó de brazos y miró la escena desde una distancia prudente. Al oir las palabras del joven, bufó. "¿Él me encontró?" rodó los ojos.
El hombre ébrio estaba tambaleante en su mismo sitio. Hacienco caso omiso ante la disque amenaza del joven. Evolet suspiró. "Si tienes que hacer algo, debes hacerlo tu misma" y con ese pensamiento se acercó al ébrio, con intensiones de dejarlo insconciente y ella continuar con su caminata nocturna.
Se asombró levemente ante el poder del chico de pelo azabache. "Impresionante" Si bien era cierto, no estaba totalmente segura de qué poder era. "Hum... no es de gran importancia" cerró sus ojos y trató de calmarse. Todo ese día era sumamente curioso.
— ¿Mi culpa? —. Frunció el ceño, divertida.— Déjeme decirle, "caballero", que no fuí yo la que le pidio su... honorable ayuda —. Se encogio de hombros, despreocupada.— Le dejo el cargo de consciencia a usted —. Le guiñó un ojo, con cierta picardía.
Luego rió.— ¿Por quién me toma, joven? Yo no como escoria —. Dijo, señalando al moribundo.— Solo gente de alcurnia —. Sonrió con cinismo.— Pero por favor, no se detenga por mí, usted es totalmente libre de comércelo, si quiere, no me opondré —. Hizo una exagerada reverencia, burlándose.— Bon appétit —. Sonrió.
Y sin más que decir, transformó su pistola, nuevamente, en un cuchillo común y corriente. Escondiéndolo debajo de su blusa. — Siento arruinar nuestro momento romántico, joven —. Se mofó ella, con claro sarcásmo.— Pero no deseo ser un estorbo, así que si me permite... —. Se dio media vuelta, y se dispuso a continuar con su caminata.

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Off: Perdón la tardanza o.ó Ah, y también perdona lo... largo, aunque le dije a mi escriba que no lo ampliara tanto, yo fui la que se paso dictando 
On:
Una burlona sonrisa se formo en los labios del muchacho rebelde, que negaba con la cabeza chistando, como quien está decepcionado de su persona favorita. —¿Tan difícil es, para la niña, aceptar mi ayuda? —pensó, con un suspiro. —Estos tiempos ya no son los de antes; antes las damicelas en peligro aceptaban ayuda, ahora te refriegan uno de tus buenos hechos en el rostro —negó con la cabeza, con cierto desprecio hacía la muchacha. Realmente, ella levantaba la atención del joven rebelde, que por más que quisiera, sus ojos se atraían como imán hacía la niña de rizos rubios. —No es más que otra niña, alguna modelito, actriz quizá. Las rubias están un centavo la docena, vamos Víctor, no te preocupes — se tranquilizo, con mirada serena y calma tal que cualquiera hubiera tomado aquello como sobre natural.
Observo a la niña de rizos dorados. Seguia su camino, como si nada. —Yo tampoco como escoria… —pensó, sonriendo levemente, con picardía —Prefiero demonios, ángeles… quizá alguna que otra vampira que su sangre huela dulce—. El rebelde rodeo los ojos. No pensaba hacer nada, pero ante que ella quedase esa decisión. Si no se comportaba… “bien”… pues, era la suerte la que dictaría su conducta con la joven. No existía piedad para quien osara tratar mal al joven… aunque claro estaba, el no era el ejemplo a seguir.
Con un chasquido simple de dedos el ebrio cayo inerte, sin vida, al haber sostenido quieto el corazón de éste, sin posibilidad de bombear la sangre hacía el. Su sonrisa picara se amplio, no quería que nadie fuera testigo de su siguiente acto. Se volteo, observando a la niña de rizos caminar. —¿Acaso no debiamos comenzar con el pie derecho? —pensó, mientras al tiempo hacia que las piernas de la muchacha se aferraran al suelo firme de la carretera y tanto su cuerpo como sus piernas se “congelaron” recubiertas por su capa. Sonrio triunfante, sin perder control. De un rápido movimiento estubo a espaldas de la joven.
—Sabe, madame… —su voz sonaba tan pacifica como en verdad pretendía que sonara— no tenía otra opción, y supongo que usted no querría entablar conversación alguna con alguien que, notoriamente desde su punto de vista, la trato como a un ser inferior, ¿me equivoco?—. Su risa final fue audible, pareciera una carcajada reprimida. Luego negó con la cabeza, insastifecho de el mismo. —Aunque hablar es lo que menos quiero… —susurro con sus labios casi rozando su oído, exalando su aliento allí. Practicamente, notaba la inmovilización que le había probocado, ya que seguramente ella hubiera optado por golpearlo o atravesarlo con su cuchilla, daga, o lo que quiera que fuese. Sonrio ampliamente. Mientras su mano izquierda sostenia el poder de la capa, con la derecha tomo uno de sus rizos dorados, alcanzando hasta llevarlo a su nariz, inhalando.
—Muy dulce, me cabe decir —observo, al sentir el fragante aroma que emanaba—. Por pura curiosidad… ¿Es algún perfume en especifico o escencia propia? —sus labios se curvaron en una sonrisa, mientras aquella mano que sostenia el rizo lo dejó caer, y se desvio a la mejilla izquierda de la muchacha, procediendo a apenas rozar con la yema de los dedos ésta. El contacto frío de ambas pieles causaba estremecimiento, pero a el rebelde no le importo. Y no le importaba. Para nada. Si una idea tal entraba en su mente nadie era capaz de quitarla.—Víctor, quizá —pensó, rodeando los ojos.
—Bien… madame… —su voz sonaba fría, sin sentimiento alguno. —Antes de hacer todo o no hacer nada… permitame decidle que su aroma es completamente delicioso, no como todos, claro está, pero es… peculiar… —alabó, con cierta gracia en sus palabras. Una picara sonrisa se formo en su rostro, sin poder reprimirla más. —Y si tal solo come gente de alcurnia, conozco un buen restaurante para invitarla… o quizá otro, mi segunta opción, “Zona Residencial” —una risa salió de él —¿Buena alternativa, no cree?—.
Suspiro, intentando relajarse. —Evenminnore… ¿Cómo diablos aras para relajarte si te estas distrayendo con la chica? —pregunto una voz sumamente familiar en su mente, tal como su voz pasada. Rodeo los ojos, indispuesto a comenzar una de sus discuciones consigo mismo. Ya bastante atontado estaba por estar tan cerca de la niña sin hacerle daño alguno… aún.
Procedió nuevamente a inhalar el aroma de su cabello. —Gran curiosidad: las mujeres tienen un aroma delicioso en el cabello— anotó mentalmente, con aire burlón. Era de destacar que no sentia cualquier aroma, este era… dulce, peculiar…, pero aún así… aún así la niña había pensado en el como alguien que quería ser el centro de atención, ¿o no? Pues, ahora vería que era ser el centro de atención.
Con una sonrisa, mescla de burlona y de picara se formo en sus labios antes de retrocedes dos pasos acía atras. —Pues, madame, llego la hora para que no me acabe— aquel pensamiento causo algo de gracia, pero evito reír, por… “cordura” propia. Resoplo un mechon negro se su empapado cabello que chorreaba sobre su frente. —Suerte que ah parado… —pensó, al observar con curiosidad que la lluvia apenas se había transformado en una leve —y fresca, como negarlo— garua. Tan pronto alejado de contacto físico con la chica, retiro la capa de su cuerpo. Una sonrisa ciertamente maquiavelica se esbozo en sus labios, torno su mirada se hacia felina.
—¿Pretendeís aceptaros mi honorable invitación, señorita? ¿O teneís hambre y quereís cenar ahora? Os soy de avisar que también soy gente de alcurnia, prefiero que no tengaís problema—. Sus palabras eran a la misma velocidad que su mirada, rapidas, diferentes, de un tono ciertamente pacifico, y felino. Osbozo una sonrisa de sactifacción propia, pero tuvo ganas de palmearse en la cabeza. —Otra vez ese bendito vocablo, debo aprender a como hablan ahora —se auto-critico, suspirando. Si bien aquel vocablo era de su… época, por decir, también cabe explicar que lo hacía ver anticuado, y mucho más en el siglo XXI.
—Deberé trabajar al respecto —se dijo mentalmente, mientras memorizaba con exactitud el latente aroma del cabello de… la señorita. Por completo había olvidado las presentaciones. —que mal educado soy, por favor— pensó, rodeando los ojos.
—Podría apostar, madame, que a estas alturas de la velada usted ya me odia… pero no cabe preguntar, ¿me concedería el gran honor de saber su nombre?—.
On:
Una burlona sonrisa se formo en los labios del muchacho rebelde, que negaba con la cabeza chistando, como quien está decepcionado de su persona favorita. —¿Tan difícil es, para la niña, aceptar mi ayuda? —pensó, con un suspiro. —Estos tiempos ya no son los de antes; antes las damicelas en peligro aceptaban ayuda, ahora te refriegan uno de tus buenos hechos en el rostro —negó con la cabeza, con cierto desprecio hacía la muchacha. Realmente, ella levantaba la atención del joven rebelde, que por más que quisiera, sus ojos se atraían como imán hacía la niña de rizos rubios. —No es más que otra niña, alguna modelito, actriz quizá. Las rubias están un centavo la docena, vamos Víctor, no te preocupes — se tranquilizo, con mirada serena y calma tal que cualquiera hubiera tomado aquello como sobre natural.
Observo a la niña de rizos dorados. Seguia su camino, como si nada. —Yo tampoco como escoria… —pensó, sonriendo levemente, con picardía —Prefiero demonios, ángeles… quizá alguna que otra vampira que su sangre huela dulce—. El rebelde rodeo los ojos. No pensaba hacer nada, pero ante que ella quedase esa decisión. Si no se comportaba… “bien”… pues, era la suerte la que dictaría su conducta con la joven. No existía piedad para quien osara tratar mal al joven… aunque claro estaba, el no era el ejemplo a seguir.
Con un chasquido simple de dedos el ebrio cayo inerte, sin vida, al haber sostenido quieto el corazón de éste, sin posibilidad de bombear la sangre hacía el. Su sonrisa picara se amplio, no quería que nadie fuera testigo de su siguiente acto. Se volteo, observando a la niña de rizos caminar. —¿Acaso no debiamos comenzar con el pie derecho? —pensó, mientras al tiempo hacia que las piernas de la muchacha se aferraran al suelo firme de la carretera y tanto su cuerpo como sus piernas se “congelaron” recubiertas por su capa. Sonrio triunfante, sin perder control. De un rápido movimiento estubo a espaldas de la joven.
—Sabe, madame… —su voz sonaba tan pacifica como en verdad pretendía que sonara— no tenía otra opción, y supongo que usted no querría entablar conversación alguna con alguien que, notoriamente desde su punto de vista, la trato como a un ser inferior, ¿me equivoco?—. Su risa final fue audible, pareciera una carcajada reprimida. Luego negó con la cabeza, insastifecho de el mismo. —Aunque hablar es lo que menos quiero… —susurro con sus labios casi rozando su oído, exalando su aliento allí. Practicamente, notaba la inmovilización que le había probocado, ya que seguramente ella hubiera optado por golpearlo o atravesarlo con su cuchilla, daga, o lo que quiera que fuese. Sonrio ampliamente. Mientras su mano izquierda sostenia el poder de la capa, con la derecha tomo uno de sus rizos dorados, alcanzando hasta llevarlo a su nariz, inhalando.
—Muy dulce, me cabe decir —observo, al sentir el fragante aroma que emanaba—. Por pura curiosidad… ¿Es algún perfume en especifico o escencia propia? —sus labios se curvaron en una sonrisa, mientras aquella mano que sostenia el rizo lo dejó caer, y se desvio a la mejilla izquierda de la muchacha, procediendo a apenas rozar con la yema de los dedos ésta. El contacto frío de ambas pieles causaba estremecimiento, pero a el rebelde no le importo. Y no le importaba. Para nada. Si una idea tal entraba en su mente nadie era capaz de quitarla.—Víctor, quizá —pensó, rodeando los ojos.
—Bien… madame… —su voz sonaba fría, sin sentimiento alguno. —Antes de hacer todo o no hacer nada… permitame decidle que su aroma es completamente delicioso, no como todos, claro está, pero es… peculiar… —alabó, con cierta gracia en sus palabras. Una picara sonrisa se formo en su rostro, sin poder reprimirla más. —Y si tal solo come gente de alcurnia, conozco un buen restaurante para invitarla… o quizá otro, mi segunta opción, “Zona Residencial” —una risa salió de él —¿Buena alternativa, no cree?—.
Suspiro, intentando relajarse. —Evenminnore… ¿Cómo diablos aras para relajarte si te estas distrayendo con la chica? —pregunto una voz sumamente familiar en su mente, tal como su voz pasada. Rodeo los ojos, indispuesto a comenzar una de sus discuciones consigo mismo. Ya bastante atontado estaba por estar tan cerca de la niña sin hacerle daño alguno… aún.
Procedió nuevamente a inhalar el aroma de su cabello. —Gran curiosidad: las mujeres tienen un aroma delicioso en el cabello— anotó mentalmente, con aire burlón. Era de destacar que no sentia cualquier aroma, este era… dulce, peculiar…, pero aún así… aún así la niña había pensado en el como alguien que quería ser el centro de atención, ¿o no? Pues, ahora vería que era ser el centro de atención.
Con una sonrisa, mescla de burlona y de picara se formo en sus labios antes de retrocedes dos pasos acía atras. —Pues, madame, llego la hora para que no me acabe— aquel pensamiento causo algo de gracia, pero evito reír, por… “cordura” propia. Resoplo un mechon negro se su empapado cabello que chorreaba sobre su frente. —Suerte que ah parado… —pensó, al observar con curiosidad que la lluvia apenas se había transformado en una leve —y fresca, como negarlo— garua. Tan pronto alejado de contacto físico con la chica, retiro la capa de su cuerpo. Una sonrisa ciertamente maquiavelica se esbozo en sus labios, torno su mirada se hacia felina.
—¿Pretendeís aceptaros mi honorable invitación, señorita? ¿O teneís hambre y quereís cenar ahora? Os soy de avisar que también soy gente de alcurnia, prefiero que no tengaís problema—. Sus palabras eran a la misma velocidad que su mirada, rapidas, diferentes, de un tono ciertamente pacifico, y felino. Osbozo una sonrisa de sactifacción propia, pero tuvo ganas de palmearse en la cabeza. —Otra vez ese bendito vocablo, debo aprender a como hablan ahora —se auto-critico, suspirando. Si bien aquel vocablo era de su… época, por decir, también cabe explicar que lo hacía ver anticuado, y mucho más en el siglo XXI.
—Deberé trabajar al respecto —se dijo mentalmente, mientras memorizaba con exactitud el latente aroma del cabello de… la señorita. Por completo había olvidado las presentaciones. —que mal educado soy, por favor— pensó, rodeando los ojos.
—Podría apostar, madame, que a estas alturas de la velada usted ya me odia… pero no cabe preguntar, ¿me concedería el gran honor de saber su nombre?—.

To be or not to be. That is the question.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Víctor de Nol- Mensajes: 642
Fecha de inscripción: 18/03/2011
Edad: 17
Localización: Between life and death.
Empleo: Músico, Cantante y Abogado/Estafador.
Personaje de Rol
Poder:


(150/150)
Vida:


(150/150)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Off: O________O Okey... ._. Demonios... hasta yo me puse nerviosa xDDDD Oh, por cierto, cambiaré mi forma de narrar n.n
On:
Ya había dejado por zanjada la conversación con el joven que tenía diez pasos detrás de mi para ser exactos, en mi no había intenciones para continuar con él. No había mucho que me llamara la atención en el muchacho. Puse los ojos en blanco, ¿a quién quería engañar? La verdad todo él me atraía, como un imán. Pero no le iba a levantar su ya egocéntro ser. "Al menos no le daré ese placer, querido" sonrió de lado. Intentó consolarce con la idea de que pronto se encontraría en su habitación, tranquila. Aunque no todo siempre salía como yo quería y eso lo sabía de ante mano.
Me quedé petrificada de golpe, no entendía lo que me pasaba, mi cuerpo, mis extremidades ya no me obedecían. Era como si fuera un muñeco de trapo y alguien me estuviera controlando. Cuando mis neuronas hicieron sinapsis, solté un bufido de disgusto. "Maldición" Realmente si mi mirada matara el joven ya estaría cien metros bajo tierra. Éste ya estaba colmando mi paciencia y ya había pasado la línea de lo imaginable. "Cuando me suelte, lo mataré lenta y dolorosamente"
—Sé que soy irresistible para su persona —. Comencé, burlona.— Pero mantenerme de esta forma no es un acto muy caballeroso de su parte —. Comenté, con un aire despreocupado. Aunque fuera todo lo contrario por dentro. Pero trataba de mantenerme ajena a todo pensamiento asecino que se asomaba por mi mente en contra del chico. Ahora si se había pasado de la raya.
Puso los ojos en blanco ante lo dicho por el chico de pelo azabache.— Todos los hombres siempre quieren ser el centro de atención cuando de una dama se trata —. Expliqué, como si él fuera un niño de cinco años y yo la profesora.— Usted, pequeño, no es la excepción —. Sonreí con suficiencia. Era una escena muy interesante desde mi punto de vista. Todo, excepto por la parte en la que me quedaba como piedra, sin poder defenderme. "Mier... eso no es un punto a mi favor" me lamenté mentalmente. Pero traté de mantenerse serena.
Al sentir como éste se me aproximaba, sentía como mi corazón se aceleraba y mis músculos se tensaban, casi por inercia. Y yo quería darme una bofetaba por comportarme de esa forma. ¡Y frente a él! "Ya, ya, ya... calma, Evolet... relájate" Me ordené con firmeza. En un vano intento por calmar mis atolondradas hormónas. "Estúpida humanidad"
Arqueé una ceja, "Me está agarrando... nadie me toca" pensé con molestia. Todo esto era una situación tan incómoda y tan impotente por mi presona, que estaba segura que apenas él me soltara, me abalanzaría contra él y le cortaría el ayugular. "Y no en el literal sentido de la palabra" Nandie me tomaba así y salía con vida. Y ese chico no sería para nada la excepción.
—¿A oído hablar sobre el espacio personal? —. Pregunté, aunque mis palabras se tropezaban entre sí por lo nerviosa que me encontraba. Lo cual odié. Sentir las yemas de sus dedos sobre mi piel me causó un intenso estremecimiento y sentí como un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Una descarga de adrenalina fluía por mis venas y fuí incapaz de hacer algo al respecto. "Demonios, demonios, demonios, demonios" cerré mis ojos, intentando concentrarme en otra cosa que no fuera las "caricias" del chico.
Hice caso omiso a las palabras de mi interlocutor. Preferí no decir nada. Cuando él se alejó de mi, sentí como el alma me volvía al cuerpo y soltaba un suspiro. Acto seguido, el campo que me tenía retenida se esfumó tan rápido como vino. Sonreí. Al oirlo hablar, fruncí el ceño. "Ese acento... Curioso, parece que éste es cómo de hace cinco u siete siglos atrás" No estaba segura. Pero esto no se quedaría así. Por nada del mundo. Saqué mi daga tan rápidamente como estuve libre.
Me abalancé sobre el chico y quedé encima de él. Inmovilizando sus brazos y poniendo el cuchillo en su garganta. Mi mirada se tornó fría y una llama ardiente podía salir del mismo. Mi respiración volvió a la normalidad.— En primer lugar: No iría a ningún lugar con alguien que me trata de una manera tan grosera ¿sabe? —. Espeté sin vacilarme.— En segundo lugar: No le doy mi nombre al primer... hombre que se me pone en el camino —. "Idiota, querrás decir, en vez de hombre" .— Y en tercer lugar —. Apreté más mi daga contra el ayugular del joven.— Dame una buena razón para que no te mate.
On:
Ya había dejado por zanjada la conversación con el joven que tenía diez pasos detrás de mi para ser exactos, en mi no había intenciones para continuar con él. No había mucho que me llamara la atención en el muchacho. Puse los ojos en blanco, ¿a quién quería engañar? La verdad todo él me atraía, como un imán. Pero no le iba a levantar su ya egocéntro ser. "Al menos no le daré ese placer, querido" sonrió de lado. Intentó consolarce con la idea de que pronto se encontraría en su habitación, tranquila. Aunque no todo siempre salía como yo quería y eso lo sabía de ante mano.
Me quedé petrificada de golpe, no entendía lo que me pasaba, mi cuerpo, mis extremidades ya no me obedecían. Era como si fuera un muñeco de trapo y alguien me estuviera controlando. Cuando mis neuronas hicieron sinapsis, solté un bufido de disgusto. "Maldición" Realmente si mi mirada matara el joven ya estaría cien metros bajo tierra. Éste ya estaba colmando mi paciencia y ya había pasado la línea de lo imaginable. "Cuando me suelte, lo mataré lenta y dolorosamente"
—Sé que soy irresistible para su persona —. Comencé, burlona.— Pero mantenerme de esta forma no es un acto muy caballeroso de su parte —. Comenté, con un aire despreocupado. Aunque fuera todo lo contrario por dentro. Pero trataba de mantenerme ajena a todo pensamiento asecino que se asomaba por mi mente en contra del chico. Ahora si se había pasado de la raya.
Puso los ojos en blanco ante lo dicho por el chico de pelo azabache.— Todos los hombres siempre quieren ser el centro de atención cuando de una dama se trata —. Expliqué, como si él fuera un niño de cinco años y yo la profesora.— Usted, pequeño, no es la excepción —. Sonreí con suficiencia. Era una escena muy interesante desde mi punto de vista. Todo, excepto por la parte en la que me quedaba como piedra, sin poder defenderme. "Mier... eso no es un punto a mi favor" me lamenté mentalmente. Pero traté de mantenerse serena.
Al sentir como éste se me aproximaba, sentía como mi corazón se aceleraba y mis músculos se tensaban, casi por inercia. Y yo quería darme una bofetaba por comportarme de esa forma. ¡Y frente a él! "Ya, ya, ya... calma, Evolet... relájate" Me ordené con firmeza. En un vano intento por calmar mis atolondradas hormónas. "Estúpida humanidad"
Arqueé una ceja, "Me está agarrando... nadie me toca" pensé con molestia. Todo esto era una situación tan incómoda y tan impotente por mi presona, que estaba segura que apenas él me soltara, me abalanzaría contra él y le cortaría el ayugular. "Y no en el literal sentido de la palabra" Nandie me tomaba así y salía con vida. Y ese chico no sería para nada la excepción.
—¿A oído hablar sobre el espacio personal? —. Pregunté, aunque mis palabras se tropezaban entre sí por lo nerviosa que me encontraba. Lo cual odié. Sentir las yemas de sus dedos sobre mi piel me causó un intenso estremecimiento y sentí como un escalofrío recorría todo mi cuerpo. Una descarga de adrenalina fluía por mis venas y fuí incapaz de hacer algo al respecto. "Demonios, demonios, demonios, demonios" cerré mis ojos, intentando concentrarme en otra cosa que no fuera las "caricias" del chico.
Hice caso omiso a las palabras de mi interlocutor. Preferí no decir nada. Cuando él se alejó de mi, sentí como el alma me volvía al cuerpo y soltaba un suspiro. Acto seguido, el campo que me tenía retenida se esfumó tan rápido como vino. Sonreí. Al oirlo hablar, fruncí el ceño. "Ese acento... Curioso, parece que éste es cómo de hace cinco u siete siglos atrás" No estaba segura. Pero esto no se quedaría así. Por nada del mundo. Saqué mi daga tan rápidamente como estuve libre.
Me abalancé sobre el chico y quedé encima de él. Inmovilizando sus brazos y poniendo el cuchillo en su garganta. Mi mirada se tornó fría y una llama ardiente podía salir del mismo. Mi respiración volvió a la normalidad.— En primer lugar: No iría a ningún lugar con alguien que me trata de una manera tan grosera ¿sabe? —. Espeté sin vacilarme.— En segundo lugar: No le doy mi nombre al primer... hombre que se me pone en el camino —. "Idiota, querrás decir, en vez de hombre" .— Y en tercer lugar —. Apreté más mi daga contra el ayugular del joven.— Dame una buena razón para que no te mate.

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Un golpe seco fue el causante del impacto de la muchacha contra el, quedando en el suelo frío de la carretera. Acto seguido, el rebelde se torno a reir. A pesar de sentir la molestia —afixiante— del cuchillo contra su garganta, le importaba un bledo —Bledo doble, querrás decir —lo que la muchacha haga o no. Sacudió la cabeza negativamente, pero sonriendo. —Que posición… más… lamativa… —se dijo a su fuerte interno, y rodo los ojos con desgana, aún riendo.
—Mmm… madame, no entiendo porque osa a decir que la eh tratado de una forma grosera… grosero hubiera sido si por más sobrepasace mis caricias sobre usted, claro está, pero nadie me dejará con la palabra en la boca… —pronuncio, con palabras secas, y miradas firmes tan posadas en los celestes ojos de la dama. —Ni tampoco tan atontado con el delicioso aroma procedente de usted, claro está—. Suspiro, sin demostrar gesto alguno de incomodidad. Sus brazos se presionaban con fuerza contra la carretera pero ni más ni menos, no le importaba.
Negó con la cabeza, chistando. —Sé que esto es muy bajo de mi parte, irrumpir en su cabeza, pero… “¿Idiota en vez de hombre?” —rió, sonriente, explendido humor para día tal era y con compania cual era en ese momento— Bien, señorita Nombre Perdido, mi razón es tal que no dejare que alguien como usted acabe con mi vida, claro está, aún no —su mirada, tanto como sus labios se tornaron serios, firmes, sin expresión alguna. Su rostro palideció por unos instantes. —Sera mejor que dejes de jugar, Even —dijo aquella vocecita en su subconciente que de un segundo a otro logro apartar. Suspiro, mostrando primera señal de vida de desde hace unos segundos. Su concentración se llevo a alcanzar los pensamientos anteriores de la dama.
—Eh de avisar, Evolet, claro, si es que así se llama, que no soy para nada egocéntrico… y si, curiosamente llevo varios siglos pisando tierra —partio una risa de sus labios, y su humor regreso. —Claro, como si se hubiese ido —. Rodo los ojos y se avecino con sus cosas.
—Os espero que esto no ose molestarla, estimada dama —forgo las palabras con cuidado, mientras sus ojos topacio lanzaban ciertas chispas —No literalmente, claro está—. Sus manos acorraladas ante al piso se tiznaron de negro nuevamente, mientras sus ojos seguian en contacto sin perdida de vista de los ojos de la señorita. Tanto como había echo anteriormente, la dama se petrifico. —Eh de anunciar que no es imnotizmo, si pretendeís apartaros la vista de mi —pronuncio con un eje de tranquilidad en cada palabra. Una plena sonrisa se esbozo en sus labios, al sentir el dejo de presión en su cuello por parte de la cuchilla. Aquella sonrisa se agrando levemente, al saber que sus brazos ya estaban libres.
—Si, usted, madame, prentedeís que yo me deje acabar tan facilmente… os juro que os equivocaís —su voz sonaba igual de relajada que siempre, y ¿como no estarlo? Negó con la cabeza, y de un movimiento brusco tomo la cuchilla de entre las manos de la niña. —Niña, una niña bonita, pero niña en sí—.
Con poco esfuerzo, guardo aquella cuchilla en el bolsillo de su chaqueta y sonrio triunfante. No todos los días obtenía semejante recompensa, ¿o sí? Suspiro, sin poder evitar risa alguna. ¿Desde cuando era tan… humoristico? Verdaderamente, desde ya… diez minutos, quizá menos. Desde que la niña rubiecita apareció, cruzandose en su camino hacia la nada. Realmente, tenía posibilidades con ella. Podría llevarla a cargas a su casa, total, demasiado trecho no faltaba, y estaba lo suficiente oculta para que si la dama gritase nadie oyera. O también podía acabarla allí mismo, o… ¿reportarla a su líder? Si, quiza, haría un reporte falso. Aunque pensandolo bien, no tenía la menor idea del rango de la niña. —Cazador, o demonio supongo, un guardían no puede ser tan odioso— pensó, colocando los ojos en blanco.
También podría acarbarla, matarla allí mismo, o engañarla, persuadirla para llevarla a un lugar más apartado y acabar con ella. —Preferentemente no —se dijo, intentando imaginarse la idea de aquel aroma que lo embriagaba lentamente, mucho más intencificado en su cabello que en su cuerpo en sí, pero por demás en su cabello parecía ser que era un aroma tal como perfume de dioses. —Al poco se te cae la baba, relájate, controlate Even —se dijo, rotando los ojos. Podría parecer loco ante la dama, pero siquiera lo que pensaran los demas le importaba tanto como el sube y bajo de la bolsa de valores. —Aunque siempre es bueno saber, para simplemente tener idea de que hacer en un presente y futuro—.
—¿Os es de su disgusto estaros en su posición actual? —pregunto, cortando el breve silencio, con una sonrisa calmada. Ambas manos suyas se deslizaron con lentitud rodeando la cintura de la muchacha. —¿Mejor?—. —Si, está bien inmovilizada —se dijo en su fuerte interno, al saber que si no lo estubiera, hubiera rebuscado en los bolsillos de su chaqueta su daga y se la habría incrustado en el pecho. —O quizá me desgarraría la yugular, como pensaba principalmente —pensó reprimiendo una risa, tan solo esbozando una leve sonrisa.
—Créame, madame, que no es de mi disgusto propio estar así —pronunció, claro estaba con su sonrisa burlona— Pero puedo apiadarme de usted y solucionar este problema si lo desea… —su sonrisa seguia siendo burlona, y con sierta picardía. Suspiro, y de un rapido movimiento volteo a la muchacha, que ahora sin moverse y con peso muerto, no era demasiada carga para el íncubo.
Antes de hacer nada quedo sobre ella de la misma manera en la cual la muchacha estaba, momentos antes, con él. Inmovilizo ambos brazos de la muchacha por sobre su cabeza, apoyandolos con firmexa y sequedad sobre el duro y frío —por demás decir mojado— suelo de la carretera, y sonrio con picardía, mientras observaba a la niña. —¿Debería dejar de llamarla así? —se pregunto, llevandose segundos por su mente. —Por ahora no—.
—¿Quereís jugaros un juego? —pregunto, picaramente, deshaciendo la capa que la cubria lentamente— El muerto y el vivo. Tú te haces la muerta, y yo, el vivo —termino aquella “broma” en una risa que desprendia dulzura. —¿Yo?¿Dulce? jamás —se dijo a si mismo, mientras se negaba su acto reciente.
Rodo los ojos y sonrio, con sactifación. —¿Alguna idea tal de como podemos aprovechar el tiempo sin que intenteís matadme? O si simplemente es venganza, simplemente podeís morderme, no tengo problema alguno, aunque tal espero no causar su enfado —bromeo, aunque con un tono más rígido de lo normal, contando el eje de burla que se notaba por sus palabras—. No se si yo tenga buen sabor —finalizo, riendo. Pero tal decid, ¿cómo no reir con situación tal? Aunque claro estaba, su humor se sentaba un tanto… drogado, quizá, sea la palabra adecuada. ¿Como no sentirse así, luego de embriagarse con el aroma del cabello de la niña de bucles? Dificilmente podría resistirse alguien con buen gusto a tal deleite. —Ya Even, no comiences a babear de nuevo —se regaño mentalmente, sabiendo que sería imposible, pero las facciones de su rostro facilmente lo delatarían. Suspiro, dejandose llevar momentaneamente por la fina garua que mojaba su espalda, pero sin aflojar la presión de los brazos de la dama. Cerro los ojos y rió por lo bajo, al imaginarse una idiotez total.
—No serás tan tonto como para intentar robarle un beso, ¿o sí, Even?—.
Off:
Tienes suerte que edite el rol, Jenn o.o Le dije a L que lo respondiera y el "Si... ya voy" ... y puso algo... que no yo quiero decir e_e Ok, espero que aya quedado pasable 
—Mmm… madame, no entiendo porque osa a decir que la eh tratado de una forma grosera… grosero hubiera sido si por más sobrepasace mis caricias sobre usted, claro está, pero nadie me dejará con la palabra en la boca… —pronuncio, con palabras secas, y miradas firmes tan posadas en los celestes ojos de la dama. —Ni tampoco tan atontado con el delicioso aroma procedente de usted, claro está—. Suspiro, sin demostrar gesto alguno de incomodidad. Sus brazos se presionaban con fuerza contra la carretera pero ni más ni menos, no le importaba.
Negó con la cabeza, chistando. —Sé que esto es muy bajo de mi parte, irrumpir en su cabeza, pero… “¿Idiota en vez de hombre?” —rió, sonriente, explendido humor para día tal era y con compania cual era en ese momento— Bien, señorita Nombre Perdido, mi razón es tal que no dejare que alguien como usted acabe con mi vida, claro está, aún no —su mirada, tanto como sus labios se tornaron serios, firmes, sin expresión alguna. Su rostro palideció por unos instantes. —Sera mejor que dejes de jugar, Even —dijo aquella vocecita en su subconciente que de un segundo a otro logro apartar. Suspiro, mostrando primera señal de vida de desde hace unos segundos. Su concentración se llevo a alcanzar los pensamientos anteriores de la dama.
—Eh de avisar, Evolet, claro, si es que así se llama, que no soy para nada egocéntrico… y si, curiosamente llevo varios siglos pisando tierra —partio una risa de sus labios, y su humor regreso. —Claro, como si se hubiese ido —. Rodo los ojos y se avecino con sus cosas.
—Os espero que esto no ose molestarla, estimada dama —forgo las palabras con cuidado, mientras sus ojos topacio lanzaban ciertas chispas —No literalmente, claro está—. Sus manos acorraladas ante al piso se tiznaron de negro nuevamente, mientras sus ojos seguian en contacto sin perdida de vista de los ojos de la señorita. Tanto como había echo anteriormente, la dama se petrifico. —Eh de anunciar que no es imnotizmo, si pretendeís apartaros la vista de mi —pronuncio con un eje de tranquilidad en cada palabra. Una plena sonrisa se esbozo en sus labios, al sentir el dejo de presión en su cuello por parte de la cuchilla. Aquella sonrisa se agrando levemente, al saber que sus brazos ya estaban libres.
—Si, usted, madame, prentedeís que yo me deje acabar tan facilmente… os juro que os equivocaís —su voz sonaba igual de relajada que siempre, y ¿como no estarlo? Negó con la cabeza, y de un movimiento brusco tomo la cuchilla de entre las manos de la niña. —Niña, una niña bonita, pero niña en sí—.
Con poco esfuerzo, guardo aquella cuchilla en el bolsillo de su chaqueta y sonrio triunfante. No todos los días obtenía semejante recompensa, ¿o sí? Suspiro, sin poder evitar risa alguna. ¿Desde cuando era tan… humoristico? Verdaderamente, desde ya… diez minutos, quizá menos. Desde que la niña rubiecita apareció, cruzandose en su camino hacia la nada. Realmente, tenía posibilidades con ella. Podría llevarla a cargas a su casa, total, demasiado trecho no faltaba, y estaba lo suficiente oculta para que si la dama gritase nadie oyera. O también podía acabarla allí mismo, o… ¿reportarla a su líder? Si, quiza, haría un reporte falso. Aunque pensandolo bien, no tenía la menor idea del rango de la niña. —Cazador, o demonio supongo, un guardían no puede ser tan odioso— pensó, colocando los ojos en blanco.
También podría acarbarla, matarla allí mismo, o engañarla, persuadirla para llevarla a un lugar más apartado y acabar con ella. —Preferentemente no —se dijo, intentando imaginarse la idea de aquel aroma que lo embriagaba lentamente, mucho más intencificado en su cabello que en su cuerpo en sí, pero por demás en su cabello parecía ser que era un aroma tal como perfume de dioses. —Al poco se te cae la baba, relájate, controlate Even —se dijo, rotando los ojos. Podría parecer loco ante la dama, pero siquiera lo que pensaran los demas le importaba tanto como el sube y bajo de la bolsa de valores. —Aunque siempre es bueno saber, para simplemente tener idea de que hacer en un presente y futuro—.
—¿Os es de su disgusto estaros en su posición actual? —pregunto, cortando el breve silencio, con una sonrisa calmada. Ambas manos suyas se deslizaron con lentitud rodeando la cintura de la muchacha. —¿Mejor?—. —Si, está bien inmovilizada —se dijo en su fuerte interno, al saber que si no lo estubiera, hubiera rebuscado en los bolsillos de su chaqueta su daga y se la habría incrustado en el pecho. —O quizá me desgarraría la yugular, como pensaba principalmente —pensó reprimiendo una risa, tan solo esbozando una leve sonrisa.
—Créame, madame, que no es de mi disgusto propio estar así —pronunció, claro estaba con su sonrisa burlona— Pero puedo apiadarme de usted y solucionar este problema si lo desea… —su sonrisa seguia siendo burlona, y con sierta picardía. Suspiro, y de un rapido movimiento volteo a la muchacha, que ahora sin moverse y con peso muerto, no era demasiada carga para el íncubo.
Antes de hacer nada quedo sobre ella de la misma manera en la cual la muchacha estaba, momentos antes, con él. Inmovilizo ambos brazos de la muchacha por sobre su cabeza, apoyandolos con firmexa y sequedad sobre el duro y frío —por demás decir mojado— suelo de la carretera, y sonrio con picardía, mientras observaba a la niña. —¿Debería dejar de llamarla así? —se pregunto, llevandose segundos por su mente. —Por ahora no—.
—¿Quereís jugaros un juego? —pregunto, picaramente, deshaciendo la capa que la cubria lentamente— El muerto y el vivo. Tú te haces la muerta, y yo, el vivo —termino aquella “broma” en una risa que desprendia dulzura. —¿Yo?¿Dulce? jamás —se dijo a si mismo, mientras se negaba su acto reciente.
Rodo los ojos y sonrio, con sactifación. —¿Alguna idea tal de como podemos aprovechar el tiempo sin que intenteís matadme? O si simplemente es venganza, simplemente podeís morderme, no tengo problema alguno, aunque tal espero no causar su enfado —bromeo, aunque con un tono más rígido de lo normal, contando el eje de burla que se notaba por sus palabras—. No se si yo tenga buen sabor —finalizo, riendo. Pero tal decid, ¿cómo no reir con situación tal? Aunque claro estaba, su humor se sentaba un tanto… drogado, quizá, sea la palabra adecuada. ¿Como no sentirse así, luego de embriagarse con el aroma del cabello de la niña de bucles? Dificilmente podría resistirse alguien con buen gusto a tal deleite. —Ya Even, no comiences a babear de nuevo —se regaño mentalmente, sabiendo que sería imposible, pero las facciones de su rostro facilmente lo delatarían. Suspiro, dejandose llevar momentaneamente por la fina garua que mojaba su espalda, pero sin aflojar la presión de los brazos de la dama. Cerro los ojos y rió por lo bajo, al imaginarse una idiotez total.
—No serás tan tonto como para intentar robarle un beso, ¿o sí, Even?—.
Off:


To be or not to be. That is the question.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Víctor de Nol- Mensajes: 642
Fecha de inscripción: 18/03/2011
Edad: 17
Localización: Between life and death.
Empleo: Músico, Cantante y Abogado/Estafador.
Personaje de Rol
Poder:


(150/150)
Vida:


(150/150)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
—Tsk... —. Fue lo único que formuló mi boca ante las arrogantes palabras del chico. Hice mayor presión de la daga sobre el cuello del susodicho,, inmovilicé más sus brazos, para que éste no quisiera pasarce de listo. Entrecerré mis ojos, mirándolo de una forma desafiante, aunque debo decir qué, que él me mirara de una forma tan penetrante, me ponía la piel de gallina, pero claro, lo disimulaba a la perfección, o al menos eso era lo que quería creer.
Abrí mis ojos de par en par al oir las palabras del joven. "Con qué lector de mentes" Bufé, últimamente ese poder estaba muy de moda, había visto por de quier personas con ese don, más de lo que me gustaría recordar. Por un momento me pareció que paledeció, pero no le tomé más importancia. Puse los ojos en blanco ante lo siguiente dicho por él.
Gruñí por lo bajo.— ¡¿Quiere dejar de meterse en mi mente?! —. Exclamé, con obvia molestia. Si que sabía como sacarme de mis casillas. Arqueé una ceja. ¿Acaso no sabía este tipo lo que es la "p-r-i-v-a-c-i-d-a-d"? "No, al igual que no sabe lo que es espacio personal" Aparté mi vista por unos instantes, solo para recuperar mi perdido auto-control. Para luego mirarlo.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando volví a quedar petrificada, fulminé al muchacho con la mirada.— Esto se está tornando molesto.. —. Murmuré, más para mi que para mi interlocutor. Y luego lo entendí. "Alma negra..." era una posibilidad, hace tiempo que oí sobre ese poder, que encadenaba varias habilidades, entre ellas estaba la lectura de mentes, teletrasnportación, control de cuerpos, etc.
Me arrebató de forma brusca mi cuchilla, y sentí como un intenso odio ardía en mi pecho. Hubo un momento de silencio, no era incómodo, pero si la pocisión en la que me encontraba. Reprimí el impulso de lanzar palabrota y media al cielo en su contra, y relajé mis músculos. Debía de parecer que la situación no me interesaba en lo más mínimo, pero, ¿¡Cómo no estarlo?! Me sentí impotente por un momento.
Seguramente el chico estaba pensando en qué hacer conmigo, ¿por qué simplemente no me dejaba ir y ya? No podía ser tan importante para él. A no ser que sea tan antisocial que no tenga nada más divertido que aprovecharse de sus habilidades con la primera chica que se atravesara en el camino.— Yo también me divertiría... —. Farfullé, en un tono casi inaudible.
Sus manos se deslizaron hasta mi cintura, y me "acomodó" tal si fuera una muñeca. puse los ojos en blanco.— Sí, gracias por su amabilidad —. Dije de forma cínica. Luego fruncí el ceño.— ¿De qué habla? —. Emití un grito ahogado, cuando el chico, me volteó con suma rapidez y, esta vez, él quedó encima mío. — ¿Sabe? Tiene un pésimo sentido del cortejo —. Comenté, desviando mi mirada.
Inmovilizó mis manos, no obstante, sentía como la capa que me envolvía desaparecía de forma lenta. Y sentía mi cuerpo nuevamente. No pronuncié palabra alguna, y tener su cuerpo contra el mío, tan.. tan.. tan pegados, era desde ya, incómodo.— ¿Así? Yo tengo un juego mucho mejor —. Comencé a decir, de forma inocente. Casi podía ver en sus facciones que estaba atontado, y eso era un gran punto a mi favor. Lo miré de forma seductora y acerqué mis labios a los suyos, casi rozándolos, podía aspirar su aliento, y me sentí como en el cielo. Pero no debía de perder la cabeza. No ahora.— Se llama... "El golpe avisa" —. Y cuando supe que tenía control absoluto de mi cuerpo. Le di una fuerte patada en sus... partes bajas, su orgullo, como sea que él le llamase a su órgano sexual.
Como era de esperarse, lo logré apartar de mi una buena distancia. Sonreí triunfante, me paré inmediatamente y me acerqué a él. Saqué mi daga de su chaqueta y me aparté.— Hombres... todos son iguales ¿No lo cree? —. Reí, sin poder aguantármelo más. Pero ya debía irme, en cualquier momento él recuperaría la compostura y seguramente me mataba en ese mismo lugar.
Off:
Abrí mis ojos de par en par al oir las palabras del joven. "Con qué lector de mentes" Bufé, últimamente ese poder estaba muy de moda, había visto por de quier personas con ese don, más de lo que me gustaría recordar. Por un momento me pareció que paledeció, pero no le tomé más importancia. Puse los ojos en blanco ante lo siguiente dicho por él.
Gruñí por lo bajo.— ¡¿Quiere dejar de meterse en mi mente?! —. Exclamé, con obvia molestia. Si que sabía como sacarme de mis casillas. Arqueé una ceja. ¿Acaso no sabía este tipo lo que es la "p-r-i-v-a-c-i-d-a-d"? "No, al igual que no sabe lo que es espacio personal" Aparté mi vista por unos instantes, solo para recuperar mi perdido auto-control. Para luego mirarlo.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando volví a quedar petrificada, fulminé al muchacho con la mirada.— Esto se está tornando molesto.. —. Murmuré, más para mi que para mi interlocutor. Y luego lo entendí. "Alma negra..." era una posibilidad, hace tiempo que oí sobre ese poder, que encadenaba varias habilidades, entre ellas estaba la lectura de mentes, teletrasnportación, control de cuerpos, etc.
Me arrebató de forma brusca mi cuchilla, y sentí como un intenso odio ardía en mi pecho. Hubo un momento de silencio, no era incómodo, pero si la pocisión en la que me encontraba. Reprimí el impulso de lanzar palabrota y media al cielo en su contra, y relajé mis músculos. Debía de parecer que la situación no me interesaba en lo más mínimo, pero, ¿¡Cómo no estarlo?! Me sentí impotente por un momento.
Seguramente el chico estaba pensando en qué hacer conmigo, ¿por qué simplemente no me dejaba ir y ya? No podía ser tan importante para él. A no ser que sea tan antisocial que no tenga nada más divertido que aprovecharse de sus habilidades con la primera chica que se atravesara en el camino.— Yo también me divertiría... —. Farfullé, en un tono casi inaudible.
Sus manos se deslizaron hasta mi cintura, y me "acomodó" tal si fuera una muñeca. puse los ojos en blanco.— Sí, gracias por su amabilidad —. Dije de forma cínica. Luego fruncí el ceño.— ¿De qué habla? —. Emití un grito ahogado, cuando el chico, me volteó con suma rapidez y, esta vez, él quedó encima mío. — ¿Sabe? Tiene un pésimo sentido del cortejo —. Comenté, desviando mi mirada.
Inmovilizó mis manos, no obstante, sentía como la capa que me envolvía desaparecía de forma lenta. Y sentía mi cuerpo nuevamente. No pronuncié palabra alguna, y tener su cuerpo contra el mío, tan.. tan.. tan pegados, era desde ya, incómodo.— ¿Así? Yo tengo un juego mucho mejor —. Comencé a decir, de forma inocente. Casi podía ver en sus facciones que estaba atontado, y eso era un gran punto a mi favor. Lo miré de forma seductora y acerqué mis labios a los suyos, casi rozándolos, podía aspirar su aliento, y me sentí como en el cielo. Pero no debía de perder la cabeza. No ahora.— Se llama... "El golpe avisa" —. Y cuando supe que tenía control absoluto de mi cuerpo. Le di una fuerte patada en sus... partes bajas, su orgullo, como sea que él le llamase a su órgano sexual.
Como era de esperarse, lo logré apartar de mi una buena distancia. Sonreí triunfante, me paré inmediatamente y me acerqué a él. Saqué mi daga de su chaqueta y me aparté.— Hombres... todos son iguales ¿No lo cree? —. Reí, sin poder aguantármelo más. Pero ya debía irme, en cualquier momento él recuperaría la compostura y seguramente me mataba en ese mismo lugar.
Off:

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
El joven rebelde ahogo un chillido y salto de su lugar, tomando distancia de la chica. —Agh —gruño, ahogando un grito. —Maldita seas niña del demonio... —gruño, mientras sus ojos se llenaban de odio. —¿De que más podrían llenarse?—. Su respiración se torno entre cortada unos instantes. —Maldita niña —se dijo con los dientes presionados con fuerza. Una cínica sonrisa se formo en sus labios para expresar mentalmente un castigo demasiado fuerte como para la niña. —Me aseguraré de que pagué—.
Se estabilizo en pocos segundos. No era ni el mayor ni el peor golpe que le habían dado. Gruño por lo bajo, pero sin descomponer su postura firme recientemente adquirida. —Si no te relajas, eres un verdadero estúpido —dijo aquella voz en su cabeza, burlona. —No me rebajare a pedir disculpas —fue la plena "contestación" mental del muchacho.
Con un ágil movimiento se teletransporto exactamente frente a la niña rubia. Una sonrisa cínica esbozo en sus labios a la par que, con un brutal golpe, la enviaba hacía la pared de piedra firme que estaba exactamente del lado izquierdo de la carretera. Antes que siquiera pudiera estrellarse con la pared quedo frente a ella, acorralándola y presionando su frágil cuerpo contra la dura piedra. —Bastante resistente, por lo que se ve —. Rodó los ojos con impaciencia y, por "experiencia" inmovilizo la exacta parte de la cintura para bajo de la niñita. Su mirada brillo furiosa, ónice.
—Lamento decepcionaros, madame —dijo con voz serena, como si no estuviera a punto de finalizar aquel momento de la joven— pero si planea acabar sin dolor, lamento decirle que matarla es lo menos que pienso hacer —su voz seguía siendo igual de serena, calma, con una cierta arrogancia por sobre ella. Una sonrisa risa se aparto de sus labios mientras acercaba su rostro al de la muchacha, y llevaba sus labios rozando su cuello, yugular, arterias y venas por las cuales corría esa sangre de insistente y dulce aroma. —Contrólate, idiota —esa maldita voz de nuevo, que procedió a que se alejara despacio su rostro del cuello de la muchacha, pero no despegarse de ella, ni inmutarse minimamente.
—Tenéis dulces sueños, niña mía —susurró en un tono siniestro, mientras lograba que una piedra —Bastante grande, cuidado Evan —golpeara contra la cabeza de la dama. —Un derrame sería lo mínimo —.
Off:
Me harte de la carretera
Hablando de las casas, la pinche casa de Even debe ser visitada
No para algo la hice
Mañana o más tarde pongo el rol allí
Lamento no aclararlo ._. Te debo una, si quieres golpealo de nuevo xD
Se estabilizo en pocos segundos. No era ni el mayor ni el peor golpe que le habían dado. Gruño por lo bajo, pero sin descomponer su postura firme recientemente adquirida. —Si no te relajas, eres un verdadero estúpido —dijo aquella voz en su cabeza, burlona. —No me rebajare a pedir disculpas —fue la plena "contestación" mental del muchacho.
Con un ágil movimiento se teletransporto exactamente frente a la niña rubia. Una sonrisa cínica esbozo en sus labios a la par que, con un brutal golpe, la enviaba hacía la pared de piedra firme que estaba exactamente del lado izquierdo de la carretera. Antes que siquiera pudiera estrellarse con la pared quedo frente a ella, acorralándola y presionando su frágil cuerpo contra la dura piedra. —Bastante resistente, por lo que se ve —. Rodó los ojos con impaciencia y, por "experiencia" inmovilizo la exacta parte de la cintura para bajo de la niñita. Su mirada brillo furiosa, ónice.
—Lamento decepcionaros, madame —dijo con voz serena, como si no estuviera a punto de finalizar aquel momento de la joven— pero si planea acabar sin dolor, lamento decirle que matarla es lo menos que pienso hacer —su voz seguía siendo igual de serena, calma, con una cierta arrogancia por sobre ella. Una sonrisa risa se aparto de sus labios mientras acercaba su rostro al de la muchacha, y llevaba sus labios rozando su cuello, yugular, arterias y venas por las cuales corría esa sangre de insistente y dulce aroma. —Contrólate, idiota —esa maldita voz de nuevo, que procedió a que se alejara despacio su rostro del cuello de la muchacha, pero no despegarse de ella, ni inmutarse minimamente.
—Tenéis dulces sueños, niña mía —susurró en un tono siniestro, mientras lograba que una piedra —Bastante grande, cuidado Evan —golpeara contra la cabeza de la dama. —Un derrame sería lo mínimo —.
Off:
No para algo la hice
Lamento no aclararlo ._. Te debo una, si quieres golpealo de nuevo xD
To be or not to be. That is the question.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Mirar el mundo en un grano de arena,
Y el cielo en una flor silvestre,
Sostener el infinito en la palma de la mano,
Y la eternidad en una hora.

Víctor de Nol- Mensajes: 642
Fecha de inscripción: 18/03/2011
Edad: 17
Localización: Between life and death.
Empleo: Músico, Cantante y Abogado/Estafador.
Personaje de Rol
Poder:


(150/150)
Vida:


(150/150)
Re: El secreto de sus ojos [Priv]
Off:
¡¿Cómo le haces eso a mi pobre Evolet?! D:! Ella se vengará... su venganza será dulce (?) Bueno, okey, te espero, yo solo pongo lo último y cierro el tema.
On:
Una sonora carcajada salió de mis labios, al ver y oir las palabras del chico.— ¿Niña del demonio? Por favor, si soy la bondad y la dulzura encarnada —. Me mofé, con una sonrisa burlona y mis brazos cruzados, en una pose de suficiencia.— ¿Y bien? ¿Cuál es la moraleja, pequeño? —. Dije, frunciendo el ceño, con un toque de malicia. "Cuek, idiota" Sonreí.
—No hacer enojar a una dama, ni acosarla sexualmente, eso —. Respondí con cinismo. Me sentía sumamente importante y mi ego se expandía al rededor de todo mi ser, de pies a cabeza, no podía detenerlo, y no tenía intensiones de hacerlo. Lo contemplé por un momento, tan "frágil" en el literal sentido de la palabra, se notaba que él era todo menos frágil. Éste se retorcía de dolor, y trataba de no perder su "paciencia".
Lo miré de forma curiosa, cual niña viendo por primera vez la luz del sol. "No tengo nada más que hacer aquí... creo" Pensé con cierto tono indiferente. Pero, me alejé un par de pasos, al ver como sonreía de forma un tanto maquiavélico mi interlocutor. "Upps" .— Umm. ¿Te enojaste? —. Pregunté con ironía, mientras juntaba ambas manos y ponía una cara infantil.
"Una sabe cuando tiene que huir" Pero antes de que siquiera haga algo al respecto, él se teletransportó hasta mí, y tampoco pude articular palabra alguna, pues éste me golpeó brutalmente casi a la misma altura de la caja toráxica. No me dolió mucho. Sentí solo un leve cosquilleo. Era resistente a esta clase de golpes, antes de que me estrellara, éste me acorraló, e inmovilizó mis piernas. Rodé los ojos.
—A ver, a ver.. cariño —. Comencé, con dulzura fingida.— ¡¿Quieres de una maldita vez dejar de hacer eso!? —. Le grité con furia. Ya habían sido tres veces, TRES veces. Él empezo a hablar, pero no le presté más atención de la que se merecía. Ante sus últimas palabras, lo miré con el ceño fruncido. — ¿Qué?
Miré con impresión como una gran roca estaba encima mío, lista para caer sobre mí. Me apresuré a sacar mi daga y crear con suma rapidez alguna especie de artefacto que me ayudara a escapar. Pero fue demaciado tarde, eso cayó en mi cabeza, por unos momentos sentí como si todo mi mundo se viera borroso y mi vista se tornó confusa... sin nitidez. Un dolor punzante en mi cabeza. El impacto fue devastador. Debía admitirlo.
Caí al piso y me agarré mi cabeza, no había sangre, pero me mareó un poco. "La época de caballeros ya es cosa del siglo pasado, ¿No?" pensé, mi sentido del sarcásmo no pasaba desapercibido ni en estos momentos. Cerré mis ojos, intentando en algún intento calmar mi mareo. "Mierda" Gruñí levemente.
¡¿Cómo le haces eso a mi pobre Evolet?! D:! Ella se vengará... su venganza será dulce (?) Bueno, okey, te espero, yo solo pongo lo último y cierro el tema. On:
Una sonora carcajada salió de mis labios, al ver y oir las palabras del chico.— ¿Niña del demonio? Por favor, si soy la bondad y la dulzura encarnada —. Me mofé, con una sonrisa burlona y mis brazos cruzados, en una pose de suficiencia.— ¿Y bien? ¿Cuál es la moraleja, pequeño? —. Dije, frunciendo el ceño, con un toque de malicia. "Cuek, idiota" Sonreí.
—No hacer enojar a una dama, ni acosarla sexualmente, eso —. Respondí con cinismo. Me sentía sumamente importante y mi ego se expandía al rededor de todo mi ser, de pies a cabeza, no podía detenerlo, y no tenía intensiones de hacerlo. Lo contemplé por un momento, tan "frágil" en el literal sentido de la palabra, se notaba que él era todo menos frágil. Éste se retorcía de dolor, y trataba de no perder su "paciencia".
Lo miré de forma curiosa, cual niña viendo por primera vez la luz del sol. "No tengo nada más que hacer aquí... creo" Pensé con cierto tono indiferente. Pero, me alejé un par de pasos, al ver como sonreía de forma un tanto maquiavélico mi interlocutor. "Upps" .— Umm. ¿Te enojaste? —. Pregunté con ironía, mientras juntaba ambas manos y ponía una cara infantil.
"Una sabe cuando tiene que huir" Pero antes de que siquiera haga algo al respecto, él se teletransportó hasta mí, y tampoco pude articular palabra alguna, pues éste me golpeó brutalmente casi a la misma altura de la caja toráxica. No me dolió mucho. Sentí solo un leve cosquilleo. Era resistente a esta clase de golpes, antes de que me estrellara, éste me acorraló, e inmovilizó mis piernas. Rodé los ojos.
—A ver, a ver.. cariño —. Comencé, con dulzura fingida.— ¡¿Quieres de una maldita vez dejar de hacer eso!? —. Le grité con furia. Ya habían sido tres veces, TRES veces. Él empezo a hablar, pero no le presté más atención de la que se merecía. Ante sus últimas palabras, lo miré con el ceño fruncido. — ¿Qué?
Miré con impresión como una gran roca estaba encima mío, lista para caer sobre mí. Me apresuré a sacar mi daga y crear con suma rapidez alguna especie de artefacto que me ayudara a escapar. Pero fue demaciado tarde, eso cayó en mi cabeza, por unos momentos sentí como si todo mi mundo se viera borroso y mi vista se tornó confusa... sin nitidez. Un dolor punzante en mi cabeza. El impacto fue devastador. Debía admitirlo.
Caí al piso y me agarré mi cabeza, no había sangre, pero me mareó un poco. "La época de caballeros ya es cosa del siglo pasado, ¿No?" pensé, mi sentido del sarcásmo no pasaba desapercibido ni en estos momentos. Cerré mis ojos, intentando en algún intento calmar mi mareo. "Mierda" Gruñí levemente.

Evolet Solange- Rebelde

- Mensajes: 617
Fecha de inscripción: 27/01/2011
Edad: 13
Localización: ¿Tanto te interezo que lees este ámbito? :B
Empleo: Ladrona/Cantante
Personaje de Rol
Poder:


(60/60)
Vida:


(60/60)
Temas similares» moldes ojos para fofuchas de la web
» Ratos de Ocio [Priv. Len]
» ¡Divirtámonos juntos! (Priv. Krystal)
» No son mas que simples pesadillas [Priv. Ahkie]
» Entre el cielo y el infierno... Sí, ja, ja, muy gracioso (?) [Priv. Alice Kirkland]
» Ratos de Ocio [Priv. Len]
» ¡Divirtámonos juntos! (Priv. Krystal)
» No son mas que simples pesadillas [Priv. Ahkie]
» Entre el cielo y el infierno... Sí, ja, ja, muy gracioso (?) [Priv. Alice Kirkland]
Página 1 de 1.
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.




























» Ahora estoy escuchando.....
» Escribe cualquier palabra que se te venga a la mente.
» ¿Como te sientes hoy?
» Reglas del Foro y del rol.
» No esperaba no encontrarte aquí [Priv.]
» Bleach Sekai Mugen [Afiliacion // Normal o Elite]
» Wow, wow, wow alto ahí
» Un par de vendas ¡Y listo! [Libre]
» Pregúntale al de abajo.
» HE VENIDO A QUEJARME >-< (?) (leanlo bitches ¬¬ xD)
» Entrevistas a los personajes del rol.